El término Distopía hace referencia a
una utopía siniestra o visión anti-utópica del futuro de la humanidad, donde la
realidad transcurre en representaciones disímiles a las de una sociedad ideal.
Al contrario de la utopía, donde la visión del mundo por venir es paradisíaca,
sublimada y perfeccionada, la distopía es la proyección de los temores vigentes
del hombre; es un enfoque caótico y apocalíptico de un futuro posible.
Para la proyección de esas pesadillas
en su campo de acción -el futuro- el artista distópico se basa en su
imaginación y en los datos del presente; por ello es usual que las distopías se
originen en prospectivas[1] elaboradas con antelación. No se basan en cualquier temor
subjetivo del creador, sino que tratan de proyectar los miedos colectivos de la
época y el contexto socio-político en que son concebidas, ya que su autor -como
cualquier individuo que forma parte de una sociedad- interactúa con los
problemas que rodean su existencia. Por ejemplo, los peligros del socialismo de
Estado, de la mediocridad generalizada, del control social, de la evolución de
la democracia liberal hacia un sistema totalitario, del consumismo y del
aislamiento, fueron advertidos por algunas distopías de la primera mitad del
siglo XX. Una buena muestra de ello en el cine es la revolución de las masas de
“Metrópolis”, la distorsión de la memoria histórica e individual en “1984”
o en “Fahrenheit 456”, la opresión del Estado autoritario en “Brazil”
e igualmente la fragmentación social en “La Naranja Mecánica”.
Con relación a este tema, una enorme creatividad se
ha diseminado en los trabajos de gran variedad de expertos que incursionan en
el arte; verbigracia, es innegable el inmenso talento de aquellos que desarrollan
sus habilidades en el mundo cinematográfico. Como caso típico, podemos tomar
algunas películas recientes que nos enseñan un medio monopolizado por grandes
transnacionales financieras y tecnológicas, a través de creaciones de ciencia
ficción adaptadas en un futuro cercano y etiquetadas como ciberpunk[2]
(en ellas, impera el capitalismo corporativo y neoliberal, y los gobiernos
públicos se reducen funcionalmente a ellos, especializándose en vigilar o
militarizar la sociedad o en abrir nuevos mercados al consumo masivo por medio
de la coerción y el miedo); además de otras cuantas que son exteriorizadas como
utopías desde un punto de vista superficial, pero mientras más penetran los
personajes en la misma, van descubriendo que el supuesto mundo utópico mantiene
ocultas características que resultan indispensables para el funcionamiento de
escenarios lúgubres. En este caso, éstas suelen estar pensadas para advertir
sobre los riesgos de la manipulación mediática o política[3].
Siempre contextualizadas por la tensión
mercado-Estado, las elaboraciones distópicas suelen hacer hincapié en algunos
aspectos determinados de dicha coyuntura. Nacen en la primera mitad del siglo
XX como una crítica a las utopías optimistas de autores de ciencia ficción
–como Julio Verne o H.G. Wells-, cuyas obras se fundamentan en la mejoría de
las condiciones de vida de un gran fragmento de la población en el occidente
tecnificado. Muestran el lado oscuro al que podrían enfrentarse aquellas
sociedades que quisieran llevar al extremo el progreso científico y técnico;
las consecuencias de que los Estados o las grandes corporaciones industriales
adquieran cada vez más poder. Además, en el mismo periodo histórico suceden
grandes acontecimientos políticos: dos Guerras Mundiales, la primera de las
cuales termina con la Revolución Rusa, y la Segunda que comienza con el ascenso
del nazismo y la lucha contra este sistema que es concebido como “totalitario e
inhumano”; todo lo cual inspira la creación de estas utopías tergiversadas.
Ciertamente, Aldous Huxley nos aproxima
a una sociedad futura totalitaria en su libro “Un mundo Feliz”[4], publicado ocho años antes del inicio de la Segunda Guerra
Mundial. En ella previene a sus lectores contra la autoridad manipuladora de
las grandes corporaciones financieras e industriales y la selección genética
aplicada sobre el hombre, que puede distorsionar el viejo sueño de Platón de
dividir la sociedad en diferentes castas y convertir esa fantasía en una
espeluznante opresión tecnológica llevada a cabo en el gran edificio llamado: “Centro
de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres”.
Así mismo, con posterioridad a la
derrota del nacionalsocialismo y su política de invasiones en toda Europa, se
presenta una lucha ideológica entre el Capitalismo y el Marxismo, la cual
alcanza su esplendor –social y artísticamente hablando- en las manifestaciones
distópicas del séptimo arte y la literatura, a través del esbozo de sistemas de
opresión en los que la humanidad cumple un papel similar al que desempeñan los
peones en un juego de ajedrez, donde quienes los manejan son fuerzas
insuperables y ante las cuales no hay posibilidad de salir de manera
triunfante. En consecuencia, es inadmisible no ver reciprocidades entre las
transformaciones políticas del Siglo XX y las elaboraciones anti-utópicas.
Al respecto, cabe mencionar entonces
algunas de las producciones cinematográficas más distinguidas: Metrópolis
(Fritz Lang, 1927); La Jetée (Chris Marker, 1962); Fahrenheit451 (François Truffaut,
1966); La Naranja Mecánica (A Clockwork Orange, Stanley Kubrick,
1971); Naves misteriosas (Silent Running, Douglas Trumbull,
1972); Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard
Fleischer, 1973); Zardoz (John Boorman, 1974); El Guerrero Del Camino
(Mad Max, George Miller, 1979); Blade Runner (Ridley Scott,
1982); 1984 (Nineteen Eighty-Four Michael Radford, 1984); Brazil
(Terry Gilliam, 1985); Doce monos (Twelve Monkeys, Terry Gilliam,
1995); Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1996); Gattaca (Andrew
Niccol, 1997); Dark City (Alex Proyas, 1998); El Piso 13 (The
Thirteenth Floor, Josef Rusnak, 1999); Matrix (The Matrix,
hermanos Wachowski, 1999); Equilibrium (Kurt Wimmer, 2002); V de
Venganza (V for Vendetta, James McTeigue, 2006); Idiocracia (Idiocracy,
Mike Judge, 2006); Los hijos del hombre (Children of Men, Alfonso
Cuarón, 2006); Wall-E (Andrew Stanton, 2008).
A pesar de que todas ellas se originan
en actos inconscientes e irresponsables de los seres humanos, algunas de esas
creaciones pueden tomar como eje central la distopía en sí u otras se pueden
fundamentar en un futuro dantesco como simple escenario o marco en el cual se
desarrolla una trama determinada (dramática, policial, bélica, etc.). Por
ejemplo, ciertas películas –como Matrix (The Matrix, hermanos
Wachowski, 1999); Inteligencia Artificial (Artificial Intelligence:
AI, Steven Spielberg, 2001); Yo, Robot (I, Robot, Alex
Proyas, 2004)– ofrecen una visión futurista de la humanidad dominada por robots
o por nuevas tecnologías imposibles de controlar; otras cuantas –como Metrópolis
(Fritz Lang, 1927)–, nos muestran la vida bajo el poder omnímodo de un
sistema político y económico asociado a las máquinas; otras más abordan la
deshumanización masiva, los gobiernos totalitarios, las enfermedades
irremediables, el caos social, la violencia generalizada y las revoluciones
basadas en clases sociales.
Sin subestimar una gran cantidad de
obras, considero de gran importancia para nuestro contexto político-sistémico,
analizar algunas legendarias distopías del séptimo arte que nos ofrecen
versiones paroxísticas de la política y la economía.
La primera de las producciones
cinematográficas que tuvo como eje central una visión opuesta a la de un
porvenir perfecto es “Metrópolis”, la cual nos advierte sobre la
deshumanización del trabajo mecanizado, tópico frecuente en la literatura ya
desde fines del Siglo XIX.Realizada en 1926 en
Berlín, es una de las elaboraciones de cine mudo más importantes en la historia
del cine alemán, cuyo guión se despliega de la novela homónima de Thea Von
Harbou. El relato se basa en una sociedad futurista dividida en dos castas que
ignoran su existencia entre sí: los que viven en un mundo subterráneo (la clase
obrera); y los que viven en la superficie (la clase de los intelectuales). La
situación se complica cuando un científico demente utiliza un robot para
incitar una revuelta entre los trabajadores explotados y un hombre de la clase
alta abandona su lujosa vida para adherirse a ellos.
Metrópolis ha sido considerado como el primer gran filme anti-utópico del arte de
ciencia ficción y se le ha otorgado gran importancia para la edad de oro del
expresionismo alemán. Su visión de una ciudad futurista, el progreso abrasador
de la ciencia y la desesperación humana ha inspirado en varios sentidos a
películas ulteriores tales como Dark City (Alex Proyas, 1998), Blade
Runner (Ridley Scott, 1982), El quinto elemento (The Fifth
Element, Luc Besson, 1997), Alphaville (Alphaville, une étrange
aventure de Lemmy, Jean Luc-Godard, 1965), Escape de Los Ángeles (Escape
from L.A., John Carpenter, 1996), Gattaca (Andrew Niccol, 1997)y la ciudad Gótica donde transcurre la vida de Batman.
Igualmente, el laboratorio del demoníaco genio de Metrópolis –Rotwang-
inspiró el estilo de científicos maniáticos que fueron utilizados
posteriormente en diferentes producciones. Al forjar esta creación
cinematográfica lo que excelentes películas consiguen creando un tiempo, un
lugar y unos personajes tan impactantes, logró convertirse en un modelo
iconográfico para imaginar el futuro al cual es probable que lleguemos de modo
progresivo debido a nuestro estilo de vida: la población se ha incrementado y
ahora las sociedades modernas no son muy diferentes a la colectividad
presentada en Metrópolis. Los trabajadores son tratados como máquinas
carentes de vida[5] y cada vez se les desconocen más derechos con el fin de
acrecentar la economía de cada país.
Análogamente surgen grandes trabajos como 1984 y Fahrenheit
451, que cercanos a las experiencias del estalinismo y fascismo, hablan de
Estados netamente totalitarios. La primera de ellas fue creada por el literato
y periodista británico George Orwell en 1952 y se sitúa en la ciudad de
Londres, espacio en donde se asienta un estado totalitario que ha
alcanzado el predominio mundial. En ella, los protagonistas se ven obligados a
la felicidad por obra de la gran pantalla omnipresente “Gran hermano”, quien
impone, vigila y controla constantemente en base a los tres pilares básicos de
su sistema, como dice en la fachada de sus cuatro ministerios: “Ministerio
de Paz”, “Ministerio de Amor”, “Ministerio de Verdad” y “Ministerio de
Abundancia”. “La Guerra es la Paz”, “El Odio es el Amor”, “la Ignorancia
es la Fuerza”.
Orwell nunca ocultó que su gran novela no era acerca del futuro sino
sobre el tiempo en que escribió; sobre los sombríos años siguientes a la
Segunda Guerra Mundial cuando Inglaterra yacía en la pobreza y el hambre. Sin
embargo, fue llevada a la gran pantalla en dos ocasiones como una historia
futurista, con adaptaciones e inspiraciones menores: en 1956 Michael Anderson
dirigió la primera adaptación y en 1984 Michael Radford realizó la segunda.
La versión de Michael Radford realiza un excelente trabajo al mezclar el
futuro con la nebulosa época de la posguerra mundial en la que Orwell escribió.
El héroe de esta película, Winston Smith, vive en un mundo de tinieblas e
inhumanos tratos, de habitaciones infestadas de plagas y de desesperación
debido a la represión que se ejerce en los ciudadanos en cuanto a sus más
simples placeres. El mencionado personaje abre la historia con su intento por
reescribirla; su misión es cambiar la información obsoleta del gobierno en la
que se refleja la realidad actual, luchando contra la extrema y continua
vigilancia del “Gran hermano”. Esta producción es una gran crítica al
excesivo poder del estado que puede manipular y controlar a la población, al
inminente avance tecnológico y a la impotencia de las opiniones individuales.
Aunque aún no hemos llegado al extremo, dicha atmósfera se está materializando
progresivamente. La más ferviente muestra de ello es la continua
manipulación de los medios masivos, los cuales influyen cada vez más en los
comportamientos humanos a través de informaciones subjetivas, imposición de
modas, exigencia de gustos, de tendencias, de opiniones y de pensamientos.
Coetánea pero variable a la elaboración eludida anteriormente, se
origina Brazil (Terry Gilliam, 1985). La situación se desenvuelve
en un tiempo que vagamente se parece a la época en la cual fue realizada, pero
con diferentes espacios, hardware y política. La sociedad es controlada por una
organización monolítica y los ciudadanos llevan una vida de paranoia y control.
Brazil parece casi un retroceso a la psicodélica década del sesenta; no
obstante, es toda una miscelánea histórica del siglo XX. Es una visión
anárquica donde la mejor estrategia para improvisar es atacar a ese Estado
opresor, que combina las peores condiciones de la burocracia británica de los
años cuarenta, la paranoia americana de los cincuenta, el estalinismo o el
totalitarismo fascista y las locuras de los años ochenta (como es el caso de la
obsesión por la cirugía plástica tal como se muestra en la película, situación
que paradójicamente se ha acentuado en la sociedad contemporánea). Se debe
advertir entonces que se trata de una realización cargada de humor negro que
nos ofrece una visión diferente a la que normalmente se expone en las distopías
políticas, donde no se despliega un mundo desolador, pero tampoco uno perfecto.
“The
Romanticor”
Jamie
Baldridge
En el mismo campo de acción pero de manera precedente, en 1966 el
director cinematográfico francés François Truffaut, a
partir de la persecución de los juicios macarthistas a supuestos militantes
comunistas en su época, expone en Fahrenheit 451[6]una diatriba a la excesiva censura y persecución de
las ideas diferentes al poder establecido. Muestra así un futuro en el cual el
Estado domina los medios de comunicación y controla los pensamientos de los
ciudadanos, con el fin de prevenir cualquier intento de rebelión intelectual o social.
Con ese fin el Estado se vale de mecanismos alternos, uno de los cuales es la
propensión de incendios por parte de los bomberos en las casas en las que se
prevé la presencia de “libros prohibidos”, que en último término acaban siendo
todos los libros. Este trabajo constituye una crítica al pensamiento uniforme,
conformista y reprimido; al intento por borrar de la memoria humana todo
vestigio de pensamiento independiente y consecuentemente de cultura. Tiene un
elemento crítico sobre su época al compararla con tiempos pasados e intentar
enriquecerla, produciendo así lugares inexistentes pero posibles en el tiempo.
Siguiendo esta línea, en el siglo consecutivo surgen algunas películas
que tienen como eje central el mismo tópico pero con transiciones e
innovaciones. Una de ellas es Equilibrium (Kurt Wimmer, 2002), donde el
grupo revolucionario tiene como objetivo preservar el arte y la música,
recordándonos la trama de Fahrenheit 451.Aunque
aparentemente es una producción más de ciencia ficción con un argumento no muy
profundo, tiene un sinuoso axioma que es casi disimulado con entretenimiento:
la libertad de expresión es una amenaza para los sistemas totalitarios; las
dictaduras tanto de izquierda como de derecha temen que los ciudadanos piensen
mucho o tengan una desmesurada diversión, porque esto interfiere en la
capacidad de control de quienes ostentan el poder. La historia se desarrolla en
el siglo XXI después de una Tercera Guerra Mundial ocasionada por los
pensamientos y sentimientos profundos de ciertos miembros de la sociedad; una
vez es controlada la situación y en aras de asegurar la paz mundial, se obliga
a las personas a consumir dosis de Prozium, una droga que controla todo
tipo de emociones humanas. No es difícil caer en la tentación de ver Equilibrium
y pensar que el control de pensamiento no puede existir en la realidad,
¡pero por supuesto que puede!, por lo que es útil disponer de una imagen de
acción en la que los supuestos delincuentes son los buenos del filme.
Por su parte, Blade Runner
(Ridley Scott, 1982)imagina los excesos de
las grandes corporaciones libradas a su antojo, tanto para la fabricación de
robots concientes por sí mismos como para la regulación genética de las
personas, otorgándole al hombre un espacio común, inerme y solo en la sociedad.
Blade Runner[7] toca gran parte de los temas contemporáneos: la polución
industrial, el cambio climático, el crecimiento demográfico, el dilema
planteado por la inteligencia artificial, la inmigración asiática masiva, las
modas y tendencias postmodernas, el control por medio de los psicofármacos y la
fragmentación del cuerpo social. El ambiente por el que se deslizan los
personajes realza la situación marginal de los mismos, producto no solamente de
un sistema político, sino también del sistema urbano, social e intelectual. La
maravillosa mezcla que consigue Scott de ciencia ficción y cine negro de la
década de los cuarenta, hacen de esta película una distopía estupenda,
precursora del género cyberpunk e inspiradora de nuevas que surgen a la postre
tales como Días Extraños (Strange Days, Kathryn Bigelow, 1995), Ghost
in the Shell (Mamoru Oshii, 1995), Sentencia Anticipada (Minority
Report, Stephen Spielberg, 2002), Código 46 (Code 46,
Michael Winterbottom, 2003) y La Isla (The island, Michael Bay,
2005).
Otra de las
elaboraciones cinematográficas imprescindible a la hora de abordar las
distopías de Estado es La Naranja Mecánica (A Clockwork Orange,
Stanley Kubrick, 1971), puesto que introduce el tema de la violencia marginal y
de la violación psíquica del individuo al servicio de la adaptación social. Su
contenido gira alrededor de una delirante banda de disconformes sociales que se
dedica a llenar de miedo a la población a través de bárbaros actos de
violencia. Cuando el líder de la banda es traicionado por sus compañeros, éste
es encarcelado y el gobierno trata de reinsertarlo a la sociedad por medio de
un innovador e irrevocable tratamiento médico que evitará la posterior
comisión de crímenes del sujeto en cuestión. No obstante, ese hecho marca
el comienzo de la pesadilla de tal individuo, quien comienza a sufrir el
rechazo de sus padres y la venganza de ciertos castigadores favorecidos por su
indefensión.
Muchas personas han
visto La Naranja Mecánica sin entender su verdadero significado y
resulta especialmente complejo para aquellos que toman de modo simplista todo
lo que se les presenta en la pantalla.Irónicamente,el sexo y la violencia que denota su contenido se toman de
una manera más razonable que la afilada sátira de Kubrick y su correspondiente
advertencia acerca de la deshumanización.A
pesar de que las situaciones extremas presentadas por el creador de éste filme
aún no se han materializado, sería altamente probable que el gobierno las
acogiera si la solución al crimen propuesta en él (lavado cerebral) fuera
médica y económicamente sensata. Es preciso tener en cuenta que así como
en Brazil, 1984 y diferentes sátiras políticas, ésta consta de una
fracción alegórica, un toque de humor negro y algo de drama. Tiene un mensaje
universal que muchos preferirían no auscultar, pero negar su importancia o
ignorarlo es como desconocer tanto los logros artísticos de la película como su
cáustica advertencia.
Todas estas creaciones resaltan con un marcado elemento tecnológico el
incremento de la facultad de vigilancia y control de los grandes poderes[8]. Considero que en la actualidad, el lugar libre que se ha
otorgado a portentosas corporaciones económicas y políticas que actúan por
encima de las legislaciones nacionales, las leyes internacionales y los
derechos adquiridos en razón a esas ideas plasmadas en las utopías de la
modernidad, es uno de los mayores riesgos de utopía totalizante como distopía.
Así mismo, dado que hemos sido testigos de cómo en la política es usual que la
búsqueda de utopías se desenlacen en atroces pesadillas, sería conveniente reflexionar
acerca de lo más beneficioso para la humanidad: continuar en búsqueda del
“mejor mundo que pueda existir”, así ello implique progresos desbordados
e inequitativos en todos los ámbitos y el consecuente deterioro del individuo;
o moldear un mundo en el que las sociedades alcancen paulatinamente avances
moderados y ecuánimes tanto en aspectos tecnológicos, como sociales y
humanos.
«Ciertamente, a menos que nos decidamos a descentralizar y emplear la
ciencia aplicada, no como un fin para el cual los seres humanos deben ser
tenidos como medios, sino como el medio para producir una raza de individuos
libres, sólo podremos elegir entre dos alternativas: o cierto número de
totalitarismos nacionales, militarizados que tendrán sus raíces en el terror que
suscita la bomba atómica (o si la guerra es limitada, la perpetuación del
militarismo); o bien un solo militarismo supranacional cuya existencia sería
motivada por el caos social que resultaría del rápido progreso tecnológico en
general, que se desarrollaría a causa de la necesidad de eficiencia y
estabilidad, hasta convertirse en la benéfica tiranía de la Utopía. Vd. es
quien paga con su dinero, y puede elegir a su gusto»[9].
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
HUXLEY, Aldous. “Un Mundo Feliz”. Segunda edición,Barcelona:
Alianza Editorial, 1989.
ORWELL, George. “1984”. Estados Unidos: New American Library,
1961.
REEL. http://www.reel.com/movie
SCHENEIDER, Steven Jay.1001 Películas Que Hay Que Ver Antes De Morir.
Barcelona: Editorial Random House Mondadori, 2003.
THE INTERNET MOVIE DATA BASE. http://www.imdb.com
WIKIPEDIA. http://www.wikipedia.org
REFERENCIAS FÍLMICAS
“Metropolis”. Fritz Lang. Universum Film
(UFA): Alemania, 1927. 153 min.
“Fahrenheit
451”. François
Truffaut. Anglo Enterprises: Reino Unido. 1966. 112 min.
“Alphaville,
une étrange aventure de Lemmy Caution” (Alphaville, un mundo alucinante). Jean-Luc Godard. Athos Films:
Francia / Italia. 1965. 99 min.
"La
Jetée". Chris Marker. Argos Films: France. 1966. 28 min.
"A
clockwork orage" (La naranja mecánica). Stanley Kubrick Warner Bros: Estados Unidos. 1971. 136
min.
“Brazil”. Terry Gilliam. Embassy International
Pictures: Reino Unido. 1985. 132 min.
"Silent Running" (Naves Misteriosas). Douglas
Trumbull. Universal
Pictures: Estados Unidos. 1972. 89 min.
"Soylent
Green" (Cuando el destino nos alcance). Richard Fleischer. Metro-Goldwyn-Mayer (MGM): Estados
Unidos. 1973. 97 min.
"Zardoz". John Boorman. John Boorman
Productions: Reino Unido. 1974. 105 min.
"Mad
Max". (El guerrero del camino). George
Miller. Kennedy Miller Productions: Australia. 1979. 93 min.
"Blade Runner". Ridley Scott. The Ladd
Company: Estados Unidos. 1982. 117 min.
“Nineteen Eighty-Four” (1984). Michael
Radford. Umbrella-Rosenblum
Films Production: Reino Unido. 1984. 113 min.
“Ghost in the shell”. Mamoru Oshii. Bandai
Visual Company: Japón / Estados Unidos. 1995. 82 min.
“Strange Days” (Días extraños). Kathryn
Bigelow. Lightstorm Entertainment: Estados Unidos. 1995. 145 min.
“Twelve Monkeys” (Doce Monos). Terry
Gilliam. Universal
Pictures: Estados Unidos. 1995. 129 min.
“Escape
from L.A.” (Escape de los ángeles). John Carpenter. Paramount Pictures: Estados
Unidos. 1996. 101 min.
“Gattaca”.
Andrew
Niccol. Columbia Pictures Corporation: Estados Unidos. 1997. 106 min.
“The Fifth Element” (El quinto elemento). Luc Besson. Gaumont: Francia.
1997. 126 min.
“Dark City”. Alex Proyas. Mystery Clock Cinema: Estados Unidos. 1998. 100 min.
“The Thirteenth Floor” (El Piso 13). Josef Rusnak. Centropolis Films
Productions: Alemania / Estados Unidos. 1999. 100
min.
“The Matrix”. Andrew Wachowsky , Larry
Wachowsky. Groucho
Il Film Partnership: Australia / Estados Unidos. 1999. 136 min.
“Artificial
Intelligence: AI”
(Inteligencia Artificial). Steven Spielberg. Warner Bros. Pictures: Estados
Unidos. 2001. 146 min.
“Equilibrium”.
Kurt
Wimmer. Dimension Films: Estados Unidos. 2002. 107
min.
“Minority Report” (Sentencia anticipada). Steven Spielberg. Twentieth
Century-Fox Film Corporation: Estados Unidos. 2002. 145 min.
“Code 46” (Código 46). Michael Winterbotton.
British Broadcasting Corporation (BBC): Reino Unido. 2003. 92 min.
“I,
Robot” (Yo,
Robot). Alex Proyas. Twentieth Century-Fox Film Corporation: Estados Unidos /
Alemania. 2004. 115 min.
“V for
Vendetta” (V de
venganza). James McTeigue. Silver Pictures: Estados Unidos / Reino Unido /
Alemania. 2005.132 min.
“The
Island” (La Isla). Michael
Bay. DreamWorks SKG: Estados Unidos. 2005. 136 min.
“Aeon
Flux”. Karyn
Kusama. Paramount Pictures: Estados Unidos / Alemania. 2005. 93 min.
“Idiocracy”
(Idiocracia).
Mike Judge. Twentieth Century-Fox Films Corporation: Estados Unidos. 2006. 84
min.
“Children
of Men” (Los hijos
del hombre). Alfonso Cuarón. Universal Pictures: Japón / Reino Unido / Estados
Unidos. 2006. 109 min.
“Wall-E”.
Andrew
Stanton. Pixar Animation Studios: Estados Unidos. 2008. 98 min.
[1]
Entendiendo prospectiva como la proyección a futuro de determinados parámetros
o tendencias verificables en la actualidad. Mientras que la distopía es una
visión del mundo, la prospectiva es una herramienta de análisis, pero su campo
de acción es el mismo: el futuro, partiendo de los datos del presente.
[2]
Entre las cuales se encuentran, por ejemplo, “Wall-E” (Andrew Stanton,
2008), ”Aeon Flux” (Karyn Kusama, 2005), “The Matrix” (Andy
Wachowski y Larry Wachowski, 1999) y “ Ghost in the Shell” (Mamoru
Oshii, 1995).
[3]
Así como “Farenheit 451”, (François
Truffaut, 1966), La Naranja Mecánica (A Clockwork Orange, Stanley
Kubrick, 1971), 1984 (Nineteen Eighty-Four Michael Radford, 1984)
e Idiocracia (Idiocracy, Mike Judge, 2006).
[4]
“New Brave World”. Nuevo mundo Valiente, en su traducción literal del inglés.
Su primera publicación fue en el año 1932, Editorial Plaza & Janés.
[5]Éste es uno de los elementos más potentes y una de
las intenciones más evidentes del director, quien de una forma brillante retrata
esta compleja historia.
[6]
Basada en la obra del estadounidense Ray Bradboury: “Fahrenheit 451”.
Nueva York: Ballantine Books, 1953.
[7]
Esta película se basa en la novela “¿sueñan los androides con ovejas
eléctricas?” de Phillip K. Dick, escrita en 1968.
[8]
Así como lo señala Michel Foucault en su obra Vigilar y Castigar. “Foucault
compara la sociedad moderna con el diseño de prisiones llamadas
"Panopticón" de Jeremy Bentham (que nunca fue construida, pero sí fue
tomada en cuenta): en el panopticón, un solo guardia puede vigilar a muchos
prisioneros mientras el guardia no puede ser visto. El oscuro calabozo de la
pre-modernidad ha sido reemplazado por la moderna prisión brillante, pero
Foucault advierte que "la visibilidad es una trampa". Es a través de
esta óptica de vigilancia, dice Foucault, que la sociedad moderna ejercita sus
sistemas de control de poder y conocimiento (términos que Foucault considera
tan íntimamente ligados que con frecuencia habla del concepto "poder-conocimiento").
Foucault sugiere que por todos los niveles de la sociedad moderna existe un
tipo de 'prisión continua', desde las cárceles de máxima seguridad,
trabajadores sociales, la policía, los maestros, hasta nuestro trabajo diario y
vida cotidiana. Todo está conectado mediante la vigilancia (deliberada o no) de
unos seres humanos por otros, en busca de la 'normalización'.” (Wikipedia. 28
de septiembre de 2008).
[9]
Prólogo a la segunda edición de Un mundo Feliz de Aldous Huxley. Alianza
Editorial. 1989. Pág. 5-6.
Excelente trabajo. voy a disfrutar leyéndole en detalle, por dos causas: del cine de CF y de la literatura de utopias y distopias, a las que soy aficionado desde décadas atrás. Salud y gracias.
OrrantiaTar
86%
Usuario no registrado.
:: 2011/07/27 10:50:55
TYVM you've solved all my pbrolems
86%
Usuario no registrado.
:: 2011/07/26 21:00:21
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86%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/15 22:57:17
Grandioso, bien elaborado.
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/15 22:56:34
Muy bueno, me gustó bastante
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/15 08:35:45
Bastante bueno. Felicitaciones!
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/10 08:27:45
Excelente, muy buen texto
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/06 11:51:35
distopias?????????
ejemplos
signicados
84%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/06 09:06:52
Lo abordaste muy bien. Buenas referencias filmicas y literarias.
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/06 09:05:21
Muy bueno.
Mucha suerte.
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/06 09:04:39
Una visión muy interesante, profunda y bien expuesta.
muy buen articulo con tema original y bien redactado
90%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/27 12:39:58
Abordado conforme se propone la ejecución del estudio de principio a fin. Muy bueno.
En una línea diferente, es sugestivo comprender el fenómeno distópico no sólo como un concepto que se origina, desarrolla y culmina en un ámbito exclusivamente social (aunque es allí donde se exhibe) sino también en la manifestación introspecta del filósofo distópico, que sólo es capaz de consumar éstas reflexiones en lo más profundo de su fuero interior; el lugar donde son reveladas las perversiones más oscuras, las depravaciones y corrupciones propias de no poder alcanzar un mundo mejor. Y así comprender que éste es un deslucido y frustrado ser soñador y utópico.
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/27 12:13:20
Es bastante acertado el análisis, partiendo de ejes medulares como las relaciones interpersonales; representadas como peana fundamental a la hora de hablar de tendencias sociales (que llevan a tales extremos) tanto en la historia de la humanidad como en las corporaciones sociales ficticias fílmicamente expuestas. Además de hacer un recorrido más que atinado por la esfera fílmico- sociológica que versa sobre la problemática estudiadada.
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/27 12:00:41
Qué pena! quería puntuarte diferente, pero parece que el sistema está predestinado para puntuar con 77%
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/27 11:59:03
Admirable artículo. Estructural y teóricamente muy bien argumentado, has desarrollado con precisión el tema propuesto desde el título del mismo (cuestión que parece no haber comprendido, e introyectado en sus reflexiones cinéfilas algunos lectores por lo expresado en sus comentarios).
77%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/24 15:09:23
Excelente artículo, aunque a alguien le parezca tres veces ilógico y nisiquiera argumente su lógica opinión.
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/21 11:09:24
ilogicooo
5%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/21 11:07:56
ilogico
82%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/21 11:05:18
ilogico
82%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/21 11:01:21
creo q es justo afirmar que el cine en cierta forma es una ensoñasion trasmitada a partir de la experiencia y referencias de un realizador pero ello no quiere decir que hablar de un futuro sea valido para todo espectador ello depende su propia experiencia
algo basico la verdad
8%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/18 01:03:38
Grandioso artículo!!! Abarca bastantes referencias bibliográficas para estar principal y únicamente centrado en distopías políticas. Tiene un gran uso del lenguaje siendo éste suficientemente preciso y sin utilizar términos muy complejos como es usual en otros ensayos que abordan este tema. Se entiende que se pudo ahondar más en otros temas u opiniones o análisis, pero esto no es una tésis de grado; y aunque se pueden incluír tintes e influencias de las anticonvencionales y "deshumanizantes" características de la obra de Godard "Alphaville", este ensayo no está enfocado en la poesía surrealista de tal autor... no todo el mundo ha visto esa obra maestra de 1965........de hecho esta chica abarcó suficiente cine que no se ve a la vuelta de la esquina.....sigue adelante....Darkross...
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/15 11:59:12
A mi sí me parece bastante bueno. Muy buen trabajo.
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/13 21:59:29
Hola que tal. He leído tú artículo y debo ser sincero con lo que he visto y es que tú artículo parece tener una intención precisa por hacer enfasis en temas como la biotecnologia y el constante ataque de los medios de producción al ser humano; sin embargo, creo que el horizonte no es claro, se entiende cuál es el sentido de la distopia, pero las peliculas las usas sólo como una representación de temas, eso en parte es un cliche ya que no profundizas en el centro de la discusión sino que te dedicas a citar y citar muchas peliculas que representan eso; no obstante, hay una intención de decir algo, pero no hay profundidad, y por cierto, creo que hay una pelicula que debiste mencionar ya que en parte considero que es la conclusión de tú tema y es Alphavillle de Godard; te cito este filme porque Godard nos da a entender en esta pelicula que el futuro es ahora y que no necesitamos de robots ni de representaciones de cibermundos para entender los alcances de cualquier sistema, y que lo mejor y quizás nuestra última maquina de guerra para combatirlo no son las armas tecnologicas, ni tampoco un heroe mesianico como lo tienen gran parte de las peliculas que citaste, sino que lo que nos queda para defendernos es el lenguaje y por lenguaje debemos entender la Poesía.
mucha suerte
chao
51%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/12 22:47:52
Excelente artículo, aún sueño con que en el futuro se acabe este presente tan similar a "1984" y su "Big Brother", ¡vaya utopía!
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/12 14:04:37
Muy buen artículo, nunca había mirado la cinematografía desde esa perspectiva.
excelente artículo. un estudio muy juicioso. necesario encontrar aquellos aciertos en los que el arte ha profetizado nuestro presente.
siento que el cine y la literatura revelan el futuro de maneras distintas. tal vez algunas obras con más profundidad que otras. por ejemplo el caso de Farhenheit 451. el libro de Bradbury es totalmente más impactante y acertado que su adaptación audiovisual. muchos detalles fueron censurados para que la película fuera políticamente más correcta. me parece también que Huxley y Asimov han desentrañado mejor el futuro pesimista por medio de palabras más que el cine inspirado en sus libros.
en el caso de Colombia, ¿hay cine distópico? he visto algunos acercamientos validos, sería bueno estudiarlos. agradezco enormemente el artículo. pone ha reflexionar bastante
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