Aunque
la intención de utilizar la expresión cinematográfica para construir un
discurso que siga los lineamientos estructurales y narrativos propios del
ensayo no es nueva en la historia del cine, sí podemos afirmar que es en éste
nuevo siglo cuando más realizadores han dirigido sus búsquedas hacia esta
posibilidad y cuando ha tomado más fuerza su conceptualización por parte de
diversos teóricos.
Como
cine-ensayo o filme-ensayo (o video-ensayo,
como prefieren llamarlo algunos hoy en día) entendemos cierto tipo de
producciones audiovisuales que proponen una reflexión subjetiva en torno a
preguntas fundamentales respecto a nuestra identidad tales como: quiénes somos,
de dónde venimos y hacia dónde vamos, dónde estamos ubicados y a qué intereses
respondemos, entre otras. El discurso construido con elementos
cinematográficos, de ninguna manera gira en torno a la representación ni
pretende mostrar de forma directa la realidad, y tampoco permite que se le
circunscriba dentro de algún tipo de género, pues lo que promueve es la
liberación de formas conceptuales, sin que por esto se renuncie a propiciar
pensamiento, el cual constituye su verdadero fundamento: construir un cine de
pensamiento o una forma que piensa,como diría Godard. Con esta advertencia,
nos resulta muy complicado intentar definir el cine-ensayo; por tanto, lo
quepretendemos en este escrito es
mostrar algunos lineamientos que aparecen constantemente en los filmes que
podrían encuadrarse dentro de esta “tipología”, a la vez que buscamos hacer una
breve contextualización histórica para, finalmente, poder llegar a ubicar el
filme colombiano Yo soy otro (2008)
de Óscar Campo, como un genuino cine-ensayo, el cual ha servido para oxigenar
nuestra cinematografía, a menudo, distante de la experimentación.
Lo
primero que hay que resaltar del filme-ensayo es su vocación libertaria, que no
admite que se le prescriba su competencia, pues como recordamos de la
teorización de Montaigne respecto al ensayo literario, este se caracteriza por
la prevalencia de una subjetividad pensante que se expresa en diversas facetas,como la ironía, el humor, la paradoja, el
juego, la exploración y la variación permanentes. Igualmente, en el cine-ensayo
se renuncia a la linealidad determinista de lo verdadero para indagar en los
cruces de lo posible. Se construye partiendo de la duda e instalándose en
múltiples territorialidades, siempre con la voluntad de darle vida a un
discurso a partir de un especial punto de vista que conlleva a la reflexión.
Más
que desarrollar un argumento lo que promueve el ensayista fílmico con su obra
es alimentar una idea organizando formas que piensan, con claridad y
contundencia, desde la mirada y la voz propias, sin que se pretenda hacer un autorretrato
sino hablando desde sí mismo. Al final, las preguntas quedan apenas planteadas,
como rutas que invitan a ser recorridas y pobladas de sentido. Y como en todos
los ensayos, se tiende a la dispersión y a la incertidumbre, a la polifonía y a
la contingencia.
En
cuanto a la imagen, también se le da un particular tratamiento, pues ésta viene
orientada por la palabra, generadora de un discurso en primera persona.
Usualmente se utilizan imágenes de archivo (o que parecen serlo aunque sean
propias) de documentales, de entrevistas, de noticieros, de la red, etc.;
montadas de una manera propositiva por el autor-narrador, con abundancia de
colisiones no solo de la imagen sino también de la banda sonora, la cual
resulta siendo esencial en muchos de los filme-ensayos. Pero la imagen no está
al servicio de asociaciones metafóricas o de metonimias del lenguaje, ante
todo, el realizador construye una realidad (su propia forma) a través de la
experimentación con aquellas, en la que busca mantener el equilibrio con el
análisis y la reflexión, pues la imagen tampoco lo es todo. En varias ocasiones
se trata de desnaturalizarla, de frenarla, para poder utilizarla, no de acuerdo
a su función narrativa u observacional, sino más bien en su carácter de
representación, de lo que se dice de ella. El distanciamiento de la misma
imagen se logra mediante la exaltación del montaje y de la voz. La sucesión es
fragmentada e inconexa, de tal forma que las imágenes se liberan para permitir
libres asociaciones e incluso reescrituras sobre la realidad de las mismas por
parte del observador, tal como algunos ensayistas cinematográficos también
actúan, al superponer nuevos elementos a imágenes de archivo, para llevar, por
medio del montaje visual y sonoro, a diversos niveles de sentido, a múltiples
pensamientos sobre el mundo.
Para
cerrar estas breves ideas sobre la identidad del cine-ensayo, podemos decir que
es una práctica fílmica aún difusa, un cine del “entre” (entre el documental,
el argumental y el experimental; entre el filme y el vídeo) o como dice Alain
Bergala, es “una película libre en el sentido de que debe inventar, cada vez,
su propia forma, una que solo le valdrá a ella. El filmessai surge cuando alguien ensaya pensar, con sus propias
fuerzas, sin las garantías de un saber previo, un tema que el mismo constituye
como tema al hacer esa película”1 .
Un poco de memoria
Las
primeras aproximaciones teóricas al cine-ensayo se vislumbraron con
posterioridad, y sin duda, como proyección de las vanguardias de los años
veinte del pasado siglo, justo por parte de realizadores que hicieron parte del
movimiento vanguardista como Hans Richter o de renovadores del dispositivo
cinematográfico como Alexandre Astruc. El primero, manteniendo su pertinaz
intención de romper con la linealidad narrativa y con la preeminencia de los
actores, tanto en sus obras experimentales como en sus consideraciones
teóricas; y el segundo, con su visionaria propuesta de la caméra-stylo. Pero es André Bazin quien utiliza por primera vez el
término cine-ensayo para referirse al trabajo de Chris Marker, Lettre de Sibérie (1957). Desde ese
momento, Marker empezaría a consolidarse como el gran ensayista fílmico, con
filmes como Le mystére Koumiko (1968),
Sans Soleil (1983), Le tombeau d’Alexandre (1991),Level five (1995), entre otros.
Por
otra parte, es importante resaltar los aportes de Jonas Mekas con su
experiencia del cine-diario, quien
empezó a trabajar con imágenes de sí mismo, distantes en el tiempo, para
construir un discurso autoreflexivo, apoyándose en una voz en off y en un
montaje que permitía trascender las distancias espacio-temporales. Posteriormente,
el cine-ensayo continúa siendo impulsado por Godard con sus preocupaciones por
el montaje y su decidida intención de romper con lo narrativo. Es lo que podemos
ver desde Lettre à Jane (1972) e Ici et ailleurs (1976); llevado a su
punto máximo en Histoire(s) du cinéma
(1998) y sostenido hasta su más reciente filme, Notre Musique (2004).
También
se enriqueció la ensayística audiovisual con algunos trabajos de Orson Welles
como, F for fake (1973) y Filming Othello (1978); y con obras de
Pasolini como, La rabbia (1963) y Appunti per un’oriestade africana (1970);
en las cuales se ve el sello de autor y la construcción subjetiva de una
propuesta pensante. Otro aporte que ha alimentado la experiencia del
filme-ensayo, es el que proviene del documental, a partir de la variación de
éste, cada vez más hacia lo performativo y a la comunicación en primera
persona. Asimismo, las contribuciones de los video-artistas y de la televisión,
han sido notables para que poco a poco se le haya llegado a construir una
territorialidad al ensayo fílmico.
Con
todo esto, hoy ya podemos hablar con mayor claridad de una tradición de
cine-ensayo, y siguiendo a varios autores, reconocer rasgos ensayísticos en
filmes tan antiguos como Häxan (1922)
de Benjamin Christensen,Las Hurdes (1932) de Luis Buñuel, A Propos de Nice (1930) de Jean Vigo o Nuit et brouillard (1955) de Alain
Resnais; e igualmente, ver consolidada toda una obra cinematográfica, que se
mueve en función del filme-ensayo, como la de Chris Marker o la de Harun
Farocki.
Yo
soy otro, en
la territorialidad del cine-ensayo
Luego
de esta aproximación a los territorios del cine-ensayo, nos proponemos mostrar
cómo en el filme colombiano Yo soy otro,
circulan fluidamente diversos elementos de los expuestos anteriormente, que nos
llevan a considerar ésta ópera prima de Óscar Campo como un auténtico
filme-ensayo, lo cual va más allá de otras consideraciones propagadas en
diversos medios, que lo muestran como un thriller o un filme fantástico.
Lo
primero que podemos decir es que desde el inicio, la obra propone un discurso
subjetivo en primera persona, narrado por el protagonista, José González, quien
empieza a preguntarse sobre la propia identidad: ¿Cómo sabemos quienes somos? Y continúa afirmando que ese tipo de
cuestionamientos surge cuando algo no funciona y se produce un cambio como
producto de esa situación errónea. La situación particular que genera las
preocupaciones del actor-narrador es ni más ni menos que la conflictiva
realidad colombiana, sobre la que empezará a reflexionarse en el trabajo
audiovisual desde diversas perspectivas. Utilizando insertos de imágenes
documentales extraídas de los noticiarios, se reconstruye la lectura en torno a
la descomposición social. A veces, con elementos propios del video-clip, se
enriquece la parte visual y se le confiere un ritmo vertiginoso, apoyado, entre
otras, por la expresividad de la banda sonora; los cuales inciden directamente
en la sensibilidad del espectador, que ya se ha habituado a ver el horror en
cualquier escenario.
Desde
la primeras secuencias, el cine-ensayo de Óscar Campo demarca cuatro líneas
ideológicas para el abordaje del conflicto: una del oficialismo gubernamental,
una de los grupos de extrema derecha, una de la insurgencia, y otra de un
empleado de clase media, ingeniero de sistemas de 36 años, quien parece ajeno a
todo pero es quien sufre las inesperadas variaciones producidas por una extraña
enfermedad (la litomiasis) que pudre las venas y los ganglios, la cual se va
instalando como inusual vía de hecho para conducir a la concientización de tan
aguda problemática. Esta patología, que según algunos, proviene de la selva
donde los guerrilleros están “apestados”, ha llegado a la ciudad para
expandirse como un brote incontrolable, aunque el narrador nos advierte que no
es una enfermedad sino que corresponde a una mutación, a un cambio, a una
evolución. Evidentemente, lo que quiere hacer manifiesto el director, es la
polarización de los discursos en cuestiones tan serias como una enfermedad y la
manera como se determina quién la padece; enfermedad, que realmente no tiene
cura médica aunque, finalmente se cura (al menos en la expresión externa), no
se sabe cómo ni por qué. En efecto, después de un periodo en la clínica, José,
ve cómo desaparecen los brotes en su cuerpo, pero al volver, puede constatar
que la ciudad ya no es la misma, que todo está clonado.
Seguidamente,
se llega al centro del discurso fílmico, cuando las proyecciones de la
enfermedad conducen al protagonista a vivir una disociación de la realidad y a
darse cuenta que todo es una copia de una copia, y por supuesto, que él no está
ajeno a ello, pues por todas partes empieza a encontrar dobles suyos, que
encarnan personalidades totalmente antagónicas. Bizarro, Redondo y Grace
(algunos de los dobles), están ubicados en distintas posiciones políticas y
sociales, y responden a diferentes intereses. Bizarro dice que todos, alguna
vez, hemos querido destruir todo y, por esa razón, somos potencialmente
terroristas, y que él mata pero lo hace por amor; Redondo cree que la
enfermedad la tienen los otros y que por eso hay que matarlos para evitar que
sigan matando, y, finalmente, quedar él solo, pues “los impíos serán destruidos”;
y para Grace, todos los dobles son maricones y todos ellos han pasado por su
“delicado cuerpecito”.
Como
puede entreverse, detrás de estas posiciones hay muchos elementos que conducen
a agudos pensamientos. Con la dinámica del filme se está conduciendo desde la
subjetividad, a una forma que piensa, a un cine de pensamiento, el cual
involucra al espectador en tanto que descubre cómo en él también habitan esos
diversos polos y cómo surgen cuestionamientos de forma inesperada, frente a la caótica
realidad que a diario vive. Siguiendo los lineamientos del esquizoanálisis, podemos decir que, evidentemente, en el filme se
están transparentando los dos polos de la catexis libidinal social: el polo paranoico, reaccionario y fascista,
y el polo esquizoide revolucionario.
El primero, busca aplastar las singularidades, delineándolas y codificándolas;
deteniendo los flujos y tratando de adecuarlos para que muestren una imagen
justificadora y acorde con el sistema. El segundo, exalta las multiplicidades
moleculares de las singularidades que crean una inversión del poder, donde los
grupos son sujetos y las líneas de fuga van detrás de los flujos descodificados
y desterritorializados para crear sus propios cortes.
La
reflexión también indaga sobre posiciones éticas frente a la guerra, por un
lado, hay una que convoca al diálogo y por el otro, una que, pretextando que
sólo existe el poder, es válido matar para conseguirlo y borrar todo tipo de
inconformidad. Esto nos lleva a constatar que, en el fondo, todos tenemos miedo,
ante todo, miedo de nosotros mismos, de nuestras reacciones, de nuestra
fragilidad; y que lo más conducente es declararle la “guerra a la guerra”, tal
como aparece escrito en varios carteles que inundan las paredes de la ciudad.
Cuando
nos atrevemos a proponer esta película como un ensayo, no olvidamos la manera
en que el director manipula las imágenes (algunas propias) para generar
alternancia de pensamientos (no contradictorios sino complementarios), los
cuales están perfectamente incrustados dentro del discurso que se propone
construir para dialogar con el público, sin tratar de llevarlo a terrenos en
los que sea válido preguntarse ¿qué quiere decir? (en términos de significado y
significante) sino ¿cómo, con qué funciona?, es decir, qué conexiones de intensidad
tiene la obra audiovisual con la experiencia propia. Por su parte, el ritmo es
vertiginoso y los constantes flujos de ideasnos conducen a espacios lisos, abiertos, en los que cualquier punto
puede ser conectado con otro, e incluso, puede ser cortado en alguno de sus
lados pero siempre recomienza; por lo tanto, no hay puntos ni posiciones, sólo
hay líneas (abstractas, de fuga, de desterritorialización). Es lo que vive el
protagonista al sentir la desestructuración del Yo a favor de las multiplicidades.
Ese brote lo que está produciendo es inconsciente, nuevos enunciados, otros
deseos, reafirmándonos el papel decididamente productivo del inconsciente, que
no produce fantasmas sino realidad, la realidad de una ciudad, de un país: el
conflicto armado, las confrontaciones ideológicas, la manipulación mediática y
la insaciable búsqueda de placer. Si los yoes son producciones del
inconsciente, están plenamente inscritos en la realidad de un territorio: Cali,
Colombia, año 2002.
Y,
finalmente, como ya hemos advertido, el ensayo no busca concluir nada, ni
presentar últimas palabras; más bien, propende por generar nuevos
cuestionamientos, por ampliar las posibilidades de abordar una problemática.
Por esa razón, en Yo soy otro, cuando
el protagonista se da cuenta que los brotes de su piel han desaparecido, piensa
que todo pudo ser apenas una alergia, y que lo más importante es que
sobrevivió, debido a que resultó más difícil de destruir que un estafilococo.
La enfermedad, por ende, hay que buscarla en otras esferas, incluso, dentro de
su propia mente. Esto lo lleva a preguntarse si es que él es la enfermedad o si
es que él, realmente no es. Cierra diciendo: “Yo no soy”.
------------
Notas
1. Bergala,Alain, citado por Antonio Weinrichter en el texto de presentación que
acompañó la programación del ciclo sobre Cine Ensayo, realizado en el
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, en abril de 2007.
que buen texto. muy necesario reconocer la expresión audiovisual como camino de reflexión y pensamiento crítico.
gracias por las referencias que brinda.
Esta perspectiva de la obra Yo soy otro, le brinda una importancia artística que muy pocos le pudieron dar. Me incluyo.
Hay que volverla a ver, estudiarla, escudriñar todo el contenido y poder comprendernos un poco mejor como colombianos. Tuve la oportunidad de conocer a Oscar Campo y dijo que habia una intima relación entre su obra y él mismo. cine-ensayo puro
90%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/20 20:25:09
muy buen articulo, buena la fundamentación y la reflexión en torno al cine ensayo, además de la valoración a una película colombiana que muestra el gran trabajo que se hace el ne cine colombiano y que en muchos momentos desconocemos
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/07 12:05:23
Magnífico el artículo de Omar Ardila, por la profundidad de su análisis y la claridad de su exposición, en un tema tan poco conocido como es el del cine-ensayo.
76%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/07 10:05:05
creo que un articulo no se construye a partir de significados sino a partir de la propia opinion que construya una argumentacion
el tema es muy valido para elaborar un articulo pero que sacamos con expresarlo sin pretender porques ni para ques
se tiene la idea que bueno seria que el cine tuviera siempre algo de ensayo
14%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/06 11:36:32
aunque es agradable no transmite mas alla de lo obvio sin sorpresas
29%
Usuario no registrado.
:: 2010/02/06 11:34:49
muy completo y profundo pero sin llegar mas alla
bueno
81%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/25 17:09:44
felicitaciones por la claridad, profundidad y bellaza del texto, es un buen ensayo en el que se nota una excelente reflexión sobre el cine ensayo.
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/22 19:50:57
es un exelente texto que muestra a profundidad una prfunda reflexión sobre un tema apasionante como lo es el cine ensayo, felicitaciones!
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/21 12:49:35
muy bueno
79%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/20 15:16:18
El estudio de Omar Ardila sobre el cine ensayo es magnífico. Magnífico por varios aspectos: por la versación muy profunda sobre el tema, magnífico, igualmente, por la acabada expresión literaria de una conceptualización. Sobresaliente porque también muestra muy atinadas reflexiones de orden filosófico. Y sobresale, de la misma manera, por cuanto nos adentra en una historia poco conocida de una parte esencial del cine. Su lectura es un deleite intelectual. Óscar Alonso
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/20 10:14:35
la claridad y orden del texto permiten apreciar un buen trabajo que hace posible adentrarnos en el magico mundi del cine ensayo felicitaciones!!!!
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/19 17:00:11
felicitaciones por la claridad y profundidad el texto, además de la valoración de esta propuesta del cine colombiano!!!
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/18 15:02:02
felicitaciones por el ensayo, es un buen texto en el que las ideas se puedes asimilar de una manera clara al mismo tiempo que se gusta de la estetica con que ha sido construído, es una buena apreciación de la pelicula y de como es posible encontrar en el cine colombiano una nueva puerta hacia esta interesante propueste del cine ensayo
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/16 16:13:10
excelente texto, con mucha profundidad y visión critica, felicitaciones!!!!
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/15 16:11:15
la puerta abierta que deja el esayo enriquece la mirada desde la subjetividad que se puede encontrar en el cine ensayo y que es puerta abierta para numerosas miradas y posiciones, felicitaciones por el excelente trabajo y por la estetica del escrito!!!!
Respuesta al mensaje 2010/01/14 19:26:39:
Ante todo, agradezco por su juiciosa lectura del texto y por el comentario. Es estimulante que por este medio podamos llegar a un diálogo reflexivo en torno a lo escrito. Y por supuesto, me satisface que hayan posiciones diferentes, lo cual confirma una vez más la pluralidad y la multiplicidad del pensamiento.
Respecto a la preocupación por la identidad (o la búsqueda de la misma) en el cine, estamos de acuerdo en las apreciaciones. No hay por qué tratar de buscar una identidad como principio fundamental para desarrollar una creación cinematográfica, y en eso sí que se ha fallado y se sigue fallando en el cine colombiano. Pero cuando yo abordo el filme de Campo, no me refiero a conformación de una identidad nacional. Lo que trato de mostrar es cómo se concentra en producir un discurso desde la realidad concreta, desnudando y desnudándose frente a tantos otros discursos oficiales y oficializados.
Por otra parte, respecto a la sugerencia de leer más a Breton que a Lacan, no está de más recordar que, justamente, Deleuze escribe el Anti Edipo y Mil mesetas (libros fundantes del esquizoanálisis) como un ajuste de cuentas con Lacan, y precisamente, lo que hace es exaltar esas escrituras subterráneas, oscuras, llenas de fisuras, no sólo de Bretón sino también de Artaud, Ballard, Fijman, entre muchos otros.
El problema de la representación, ese sí que es interesante para debatir, y justamente, contra esa imagen no representativa, que logra configurar otras intensidades y tensiones, es que se alinea el cine de vanguardia y el moderno. Pero ese es tema para otra ocasión.
Y finalmente, para convocar a Wittgenstein como un esclarecedor de los problemas del lenguaje-pensamiento, es preciso recordar el carácter liberador a que, según él, debe conducirnos la experiencia estética: el asombro que sólo nos permite expresar interjecciones antes que presuntos análisis estéticos.
De nuevo gracias por su comentario
71%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/15 12:59:45
Muy bueno el ensayo, tiene agudeza analítica y fluidez estilística.
94%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/14 20:45:26
la profundidad y claridad del ensayo permiten admirar l belleza del cine que nos lleva a paisajes y realidades que solo la aproximación al cine nos lo permite... Excelente creación!!!
Carito.
100%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/14 20:18:54
excelente ensayo, la estetica del texto es muy acertada y clara, felicitaciones!!!
Carito.
88%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/14 19:26:39
Agradezco sinceramente la intención que ha tenido al hacer este artículo, y en parte por la fluidez conceptual con la que lo aborda, sin emabrgo, considero que existen cosas aun que pensar, si en efecto, el cine experimental o de creación experimental ha sido pieza esencial en el manejo de una vertiente sugerente al momento de hacer cine, creo, que el cine colombiano está lejos de hacer algo así...el problema en concreto es la identidad, el cine colombiano es portador de una terrible enfermedad que se come cualquier acto creativo de un director cuando éste encuadra sus tematicas y problemas en torno a la identidad, ¿porqué necesitamos pensar en la identidad para hacer cine? ¿por qué nos viene a la mente es palabra cuando de hablar de cine colombiano se trata? ¿quién nos dijo que el cine necesitaba una identidad? Toda las problematicas al anacronico problema de la identidad se han salido de sus goznes, ahora el estereotipo capitalista de que teníamos que buscar algo que nos identificara, porque ése es el problema que estropea toda la pelicula de campo y es su clásica pregunta por ¿quíén soy? para luego concluir visualmente que Yo soy otro, creo ese tema ha sido tan recalcitrante que dejo de ser premisa desde que se empezo a leer más a Lacan y menos a Breton, puesto que si para Lacan el Otro estaba ahí en nosotros y eso es algo evidente, la opción de Breton es más sugerente, ya que soy otro porque la vida está ausente.
Siento que el artículo responde a una inquietud personal, pero precisamente en eso establezco mi punto en contra, y es en el sentido de que son los críticos los que en últimas tienen que terminar haciendo la pelicula porque ella no es capaz de hablar por sí misma....el problema del cine colombiano y la respuesta al porqué estamos lejos de un cine-ensayo o experimental en cualquiera de sus acepciones es porque aún tenemos instaurada en nosotros este estigma colonial que tan bien supo denunciar Deleuze y que con tanto desprecio abordan los estudios culturales, a saber: el problema, de la representación el problema del Uno.
mientras no salgamos de esa estratagema urdida por el sistema capital al que fantasmaticamente le intentamos hacer frente con la supuesta identidad el arte en cualquier de sus manifestaciones sea cine o lo que sea, en colombia no existirá....es suficiente leer a Wittgenstein para de una ver por todas acabar con éste problema que no más que un error del lenguaje.
Agradezco su trabajo buena suerte.
50%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/14 19:15:37
Excelente artículo por su profundidad, Ya decía Michel Foucault el siglo XXI será deleziano, y aquí tenemos a mi manera de observar el delicioso buceo que aplicaba Deleuze a sus disertaciones, lo que hace muy particular el escrito de Omar Ardila, pues sin ser un simple Imitador demuestra que es un navegante valiente ante lo característicamente intempestivo del arte del Cine mostrándonos detalles que solo un experto es capaz de tener claro en su intelecto. Siendo un neófito en el tema deseo poder mirar el documental al cual se refiere. Mil felicitaciones
64%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/14 17:54:05
muy buen articulo...
95%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/13 17:31:25
Estupendo ensayo del agudo crítico Omar... ¡muy bien!
75%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/13 15:22:27
Excelente el contenido, la profundidad y la estetica del ensayo hacen que el lector se deleite con el contenido, felicitaciones!!!!
50%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/13 15:07:15
Felicitaciones esta genial el ensayo!!!
50%
Usuario no registrado.
:: 2010/01/13 14:43:29
El articulo es claro y ameno. Dan ganas de ver "Yo soy otro" ¿Donde consigo el ensayo? Vivo en Rosario. Marcela
ingresar como usuario registrado.